
Lejos de una solución definitiva, el conflicto Gobierno-Campo sigue empantanado en un diálogo de sordos. ¿Ganancias extraordinarias o Crisis terminal? Poner en claro qué es lo que se está discutiendo puede ser el principio del final.
La crisis con el campo, lejos de encontrar la solución final, sigue empantanada en su propio juego de conflicto de intereses. Todos los días nos desayunamos con las retóricas de las partes por medio de los medios de comunicación. Gobierno y dirigentes rurales se torean desde tribunas y programas de televisión donde lo más importante pareciera ser quién va a llamar a quién o quién va a ser el primero en ceder un tranco de la soberbia que los emparenta a ambos.
Lo cierto es que tras las etiquetas de “redistribución de ganancias extraordinarias” o de “crisis terminal del campo”, el ciudadano común ha perdido de vista al origen mismo del conflicto. Tras aquel recordado voto del vicepresidente en medio de una madrugada del año pasado, la mayoría de los argentinos pensó que se había alcanzado la solución a un conflicto que desencadenó, entre otras consecuencias, un alza considerable de precios en los alimentos junto a las góndolas vacías de los comercios debido a la escasez y los cortes de rutas.
Por eso es bueno repasar los números y las estadísticas para poner sobre la mesa las cifras que unos y otros dicen defender. Pero aquí tampoco resulta fácil discernir quién tiene la razón. Las variables que se han incorporado en los últimos meses: la sequía que castigó a gran parte del núcleo agrícola del país como así también la baja del precio de los cereales a causa de la crisis internacional, permiten que cada sector maneje cifras distintas en cuanto a márgenes de ganancias y costos de producción.
El lustro 2003-2008 fue por demás de beneficioso para el sector, las ganancias aumentaron por más del 300 por ciento, las exportaciones de granos sumaron un 150 por ciento más, y las ventas subieron el 160 por ciento. Los precios alcanzados por cereales y oleaginosas, en especial la soja, constituyeron récords internacionales que benefició ampliamente al agro, que se pasaba sistemáticamente al grano en auge, aumentando la superficie sembrada en todo el país y descuidando el destino de otras producciones.
Pero ahora el panorama es distinto, sumada a la baja en las cotizaciones, apareció la sequía que desestabilizó a más de un productor arruinándole los rindes de las cosechas o perdiendo todo lo sembrado en las áreas más castigadas. Acá las partes vuelven a enfrentarse al tratar de cuantificar cuánto es lo que se perderá durante este año.
Desde la Secretaría de Agricultura se habla de un 15% de caída en la producción de la campaña actual debido a la sequía, lo que representaría una cifra de 2000 millones de dólares.
Para Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), la cifra es muy superior. Calculan para este año una merma del orden del 44 % en comparación con el año pasado, calculada en alrededor de 10000 millones de dólares. Las causas también son, para la entidad, la baja del precio de los granos junto a una menor producción debido a la seca.
Como vemos, el tema de la falta de agua en los campos forma parte del debate entre todos los que pretenden ponerle cifras al conflicto. Cuánta incidencia ha tenido la sequía en los rindes es la incógnita que intenta develar la Bolsa de Comercio de Rosario a través de su programa GEA de Seguimiento de cultivos.
En su informe de la semana del 12 de febrero, puede leerse: “En esta campaña la siembra de soja de primera quedó interrumpida “a medio camino” por la sequía. Una parte importante fue implantada junto con la soja de segunda por lo que, a priori, presenta menor potencial de rendimiento. Además, fue un año marcado por fuertes ataques de plagas y dificultades al aplicar tratamientos de control. Considerando esto, en una descripción de trazo grueso, podrían señalarse tres situaciones diferentes de acuerdo a las zonas.
En la provincia de Córdoba, la campaña no presentó períodos prolongados de estrés, los cultivos se observan en muy buen estado, y se esperan rindes normales en general, con algunas áreas puntuales por sobre los rendimientos medios.
Hacia la porción de Santa Fe, en cambio, la sequía golpeó muy fuertemente a los cultivos. Las lluvias llegaron tarde para aquellos lotes sembrados más temprano, y se estiman pérdidas del 15% al 35%. Los cultivos sembrados en fechas de segunda se mostraban estresados, pero seguirán desarrollando nudos y vainas y cuentan con adecuadas reservas de humedad, por lo que se esperan buenos rendimientos.
Por último, el área incluida en la provincia de Buenos Aires actualmente muestra un predominio de reservas escasas y sequía. Hacia el norte se presenta una estrecha franja donde las condiciones son más favorables pero, a medida que se avanza hacia el sur, se observa un fuerte deterioro y alta dependencia de lluvias. En las zonas más afectadas, nadie se anima a ponerle un límite a la caída de rindes, ya que se teme que, de no llover, comiencen a secarse “literalmente” los sembrados.”
El informe de la Bolsa rosarina se ve contundente. Algunas voces, desde la vereda opuesta, opinan que “las 2500 grandes explotaciones, que concentran el 80 por ciento de la producción, tienen la posibilidad de utilizar métodos de riego adicional –si tuvieron la previsión de reinvertir parte de sus fabulosas utilidades en esta tecnología- y de cobrar los seguros de sequía que ofrecen los bancos. Para los más pequeños el Estado nacional destinó 230 millones de pesos en subsidios y declaró la emergencia agropecuaria, que pospone por un año el pago de los principales impuestos.”
Desde el foro del sitio Universocampo.com y ante una consulta de este cronista, le contestan a quienes hacen el planteo anterior. “desmiento que las 2500 explotaciones más grandes, dispongan de sistemas de riego” escribe una productora de la zona de Rosario que se identifica como Bonsmara. “Sólo un puñado de estas explotaciones hace riego complementario. En primer lugar, porque para regar se requiere caudal y calidad de agua, cosa que no se consigue en todos lados y en segundo orden, porque económicamente es inviable en la mayoría de los casos. Respecto a si los "subsidios" y la declaración de emergencia agropecuaria impacta en forma de alivio en términos reales, la respuesta es un rotundo y contundente 100% NO.
Los seguros de sequía no existen. Si los bancos lo ofrecen, es sólo para cubrirse con una prima de alto costo, ante un eventual incumplimiento crediticio, así que si la empresa está endeudada con un banco, difícilmente tenga excedentes propios para reinvertir, como menciona la Secretaría.”
Según la revista Márgenes Agropecuarios, que circula mucho entre los productores, los costos de explotación han bajado alrededor de un 20%. Rubros como los agroquímicos, las semillas, e incluso los arrendamientos de campos, que alcanza hasta el 40 por ciento, son los que más han bajado. El 70 por ciento de la producción nacional de granos se realiza en campos arrendados y para los productores el costo del alquiler significa el 50 por ciento del total de sus gastos.
Más allá de los métodos de cálculo utilizados por unos y otros, la clave es saber a qué se le está llamando pérdida. Para la postura del gobierno, el campo no pierde, sino que gana menos de lo que estaba acostumbrado. Es decir, del 100 por ciento de ganancias obtenidas en 2008, pasarán a un 50 por ciento en 2009, pero no perderán.
Para los productores, todo lo contrario. Desde el foro de Universocampo, HCB explica su caso, “ obviamente que un subsidio ayuda, por mínimo que sea, mientras el costo de tramitarlo no sea mayor al mismo, pero la realidad es que no se cobran o se cobran esporádicamente, en el caso de este tambo se cobró en diciembre el subsidio de 10 centavos por litro y no hay novedad alguna respecto de los meses siguientes pero el precio bajó desde setiembre hasta diciembre 20 centavos por litro, la boleta de energía eléctrica se incrementó bastante entre esas dos fechas. En este campo hubo sequía hasta hace dos semanas y no se podrá asegurar la reserva de forraje para el invierno, de esto resulta que no habrá impuesto a las ganancias a pagar, pero no obstante en todas las liquidaciones se retiene impuesto a las ganancias y pedir un certificado a la AFIP es un trámite kafkiano. Algunos impuestos deberán pagarse aun con pérdidas (Ganancia Mínima Presunta y retención de IVA)”
El conflicto continúa por sus carriles de diálogos entre sordos. Mientras no se ponga en claro qué es lo que se está discutiendo, todo seguirá como viene hasta ahora por más audiencias presidenciales o congresos rurales que se formalicen o lleven a cabo.
Establecer cuánto está dispuesto a ceder cada parte de sus intereses será el puntapié inicial para una pelea que la mayoría de los habitantes del país la seguimos por TV.
martes, 24 de febrero de 2009
CAMPO: LA HISTORIA SIN FIN
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