martes, 24 de febrero de 2009

CAMPO: LA HISTORIA SIN FIN


Lejos de una solución definitiva, el conflicto Gobierno-Campo sigue empantanado en un diálogo de sordos. ¿Ganancias extraordinarias o Crisis terminal? Poner en claro qué es lo que se está discutiendo puede ser el principio del final.
La crisis con el campo, lejos de encontrar la solución final, sigue empantanada en su propio juego de conflicto de intereses.
Todos los días nos desayunamos con las retóricas de las partes por medio de los medios de comunicación. Gobierno y dirigentes rurales se torean desde tribunas y programas de televisión donde lo más importante pareciera ser quién va a llamar a quién o quién va a ser el primero en ceder un tranco de la soberbia que los emparenta a ambos.

Lo cierto es que tras las etiquetas de “redistribución de ganancias extraordinarias” o de “crisis terminal del campo”, el ciudadano común ha perdido de vista al origen mismo del conflicto. Tras aquel recordado voto del vicepresidente en medio de una madrugada del año pasado, la mayoría de los argentinos pensó que se había alcanzado la solución a un conflicto que desencadenó, entre otras consecuencias, un alza considerable de precios en los alimentos junto a las góndolas vacías de los comercios debido a la escasez y los cortes de rutas.
Por eso es bueno repasar los números y las estadísticas para poner sobre la mesa las cifras que unos y otros dicen defender. Pero aquí tampoco resulta fácil discernir quién tiene la razón. Las variables que se han incorporado en los últimos meses: la sequía que castigó a gran parte del núcleo agrícola del país como así también la baja del precio de los cereales a causa de la crisis internacional, permiten que cada sector maneje cifras distintas en cuanto a márgenes de ganancias y costos de producción.
El lustro 2003-2008 fue por demás de beneficioso para el sector, las ganancias aumentaron por más del 300 por ciento, las exportaciones de granos sumaron un 150 por ciento más, y las ventas subieron el 160 por ciento. Los precios alcanzados por cereales y oleaginosas, en especial la soja, constituyeron récords internacionales que benefició ampliamente al agro, que se pasaba sistemáticamente al grano en auge, aumentando la superficie sembrada en todo el país y descuidando el destino de otras producciones.
Pero ahora el panorama es distinto, sumada a la baja en las cotizaciones, apareció la sequía que desestabilizó a más de un productor arruinándole los rindes de las cosechas o perdiendo todo lo sembrado en las áreas más castigadas. Acá las partes vuelven a enfrentarse al tratar de cuantificar cuánto es lo que se perderá durante este año.
Desde la Secretaría de Agricultura se habla de un 15% de caída en la producción de la campaña actual debido a la sequía, lo que representaría una cifra de 2000 millones de dólares.
Para Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), la cifra es muy superior. Calculan para este año una merma del orden del 44 % en comparación con el año pasado, calculada en alrededor de 10000 millones de dólares. Las causas también son, para la entidad, la baja del precio de los granos junto a una menor producción debido a la seca.
Como vemos, el tema de la falta de agua en los campos forma parte del debate entre todos los que pretenden ponerle cifras al conflicto. Cuánta incidencia ha tenido la sequía en los rindes es la incógnita que intenta develar la Bolsa de Comercio de Rosario a través de su programa GEA de Seguimiento de cultivos.
En su informe de la semana del 12 de febrero, puede leerse: “En esta campaña la siembra de soja de primera quedó interrumpida “a medio camino” por la sequía. Una parte importante fue implantada junto con la soja de segunda por lo que, a priori, presenta menor potencial de rendimiento. Además, fue un año marcado por fuertes ataques de plagas y dificultades al aplicar tratamientos de control. Considerando esto, en una descripción de trazo grueso, podrían señalarse tres situaciones diferentes de acuerdo a las zonas.
En la provincia de Córdoba, la campaña no presentó períodos prolongados de estrés, los cultivos se observan en muy buen estado, y se esperan rindes normales en general, con algunas áreas puntuales por sobre los rendimientos medios.
Hacia la porción de Santa Fe, en cambio, la sequía golpeó muy fuertemente a los cultivos. Las lluvias llegaron tarde para aquellos lotes sembrados más temprano, y se estiman pérdidas del 15% al 35%. Los cultivos sembrados en fechas de segunda se mostraban estresados, pero seguirán desarrollando nudos y vainas y cuentan con adecuadas reservas de humedad, por lo que se esperan buenos rendimientos.
Por último, el área incluida en la provincia de Buenos Aires actualmente muestra un predominio de reservas escasas y sequía. Hacia el norte se presenta una estrecha franja donde las condiciones son más favorables pero, a medida que se avanza hacia el sur, se observa un fuerte deterioro y alta dependencia de lluvias. En las zonas más afectadas, nadie se anima a ponerle un límite a la caída de rindes, ya que se teme que, de no llover, comiencen a secarse “literalmente” los sembrados.”
El informe de la Bolsa rosarina se ve contundente. Algunas voces, desde la vereda opuesta, opinan que “las 2500 grandes explotaciones, que concentran el 80 por ciento de la producción, tienen la posibilidad de utilizar métodos de riego adicional –si tuvieron la previsión de reinvertir parte de sus fabulosas utilidades en esta tecnología- y de cobrar los seguros de sequía que ofrecen los bancos. Para los más pequeños el Estado nacional destinó 230 millones de pesos en subsidios y declaró la emergencia agropecuaria, que pospone por un año el pago de los principales impuestos.”
Desde el foro del sitio Universocampo.com y ante una consulta de este cronista, le contestan a quienes hacen el planteo anterior. “desmiento que las 2500 explotaciones más grandes, dispongan de sistemas de riego” escribe una productora de la zona de Rosario que se identifica como Bonsmara. “Sólo un puñado de estas explotaciones hace riego complementario. En primer lugar, porque para regar se requiere caudal y calidad de agua, cosa que no se consigue en todos lados y en segundo orden, porque económicamente es inviable en la mayoría de los casos. Respecto a si los "subsidios" y la declaración de emergencia agropecuaria impacta en forma de alivio en términos reales, la respuesta es un rotundo y contundente 100% NO.
Los seguros de sequía no existen. Si los bancos lo ofrecen, es sólo para cubrirse con una prima de alto costo, ante un eventual incumplimiento crediticio, así que si la empresa está endeudada con un banco, difícilmente tenga excedentes propios para reinvertir, como menciona la Secretaría.”
Según la revista Márgenes Agropecuarios, que circula mucho entre los productores, los costos de explotación han bajado alrededor de un 20%. Rubros como los agroquímicos, las semillas, e incluso los arrendamientos de campos, que alcanza hasta el 40 por ciento, son los que más han bajado. El 70 por ciento de la producción nacional de granos se realiza en campos arrendados y para los productores el costo del alquiler significa el 50 por ciento del total de sus gastos.
Más allá de los métodos de cálculo utilizados por unos y otros, la clave es saber a qué se le está llamando pérdida. Para la postura del gobierno, el campo no pierde, sino que gana menos de lo que estaba acostumbrado. Es decir, del 100 por ciento de ganancias obtenidas en 2008, pasarán a un 50 por ciento en 2009, pero no perderán.
Para los productores, todo lo contrario. Desde el foro de Universocampo, HCB explica su caso, “ obviamente que un subsidio ayuda, por mínimo que sea, mientras el costo de tramitarlo no sea mayor al mismo, pero la realidad es que no se cobran o se cobran esporádicamente, en el caso de este tambo se cobró en diciembre el subsidio de 10 centavos por litro y no hay novedad alguna respecto de los meses siguientes pero el precio bajó desde setiembre hasta diciembre 20 centavos por litro, la boleta de energía eléctrica se incrementó bastante entre esas dos fechas. En este campo hubo sequía hasta hace dos semanas y no se podrá asegurar la reserva de forraje para el invierno, de esto resulta que no habrá impuesto a las ganancias a pagar, pero no obstante en todas las liquidaciones se retiene impuesto a las ganancias y pedir un certificado a la AFIP es un trámite kafkiano. Algunos impuestos deberán pagarse aun con pérdidas (Ganancia Mínima Presunta y retención de IVA)”
El conflicto continúa por sus carriles de diálogos entre sordos. Mientras no se ponga en claro qué es lo que se está discutiendo, todo seguirá como viene hasta ahora por más audiencias presidenciales o congresos rurales que se formalicen o lleven a cabo.
Establecer cuánto está dispuesto a ceder cada parte de sus intereses será el puntapié inicial para una pelea que la mayoría de los habitantes del país la seguimos por TV.
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SIDERURGICAS: ALCANZADAS POR LA CRISIS MUNDIAL


La crisis financiera global no dejó al margen a la industria siderúrgica, uno de los sectores que más crecimiento registró durante los últimos años producto de la alta demanda mundial del acero para la construcción y la fabricación de bienes durables. La primera medida tomada por los gigantes del sector consistió en reducir la producción, que si no hubiese sido por el traspié mundial, habría finalizado 2008 con un récord.
La industria siderúrgica argentina venía acumulando resultados auspiciosos. Durante el año pasado, la producción de acero crudo (5.700.000 toneladas) creció 2,9 por ciento respecto del año previo y superó el record histórico de 5.532.700 toneladas obtenido en 2006. Particularmente, la empresa Siderar reportó utilidades por 174,8 millones de pesos y ventas netas por 2215 millones de pesos en el tercer trimestre. Sin embargo, el advenimiento de la crisis internacional cambió bruscamente el escenario.

En el último trimestre, la producción argentina sufrió una fuerte caída: en octubre, del 3,4 por ciento, en noviembre, del 31,6, y en diciembre, del 45,4, siempre medido en términos interanuales. La desaceleración económica mundial está impactando directamente sobre la demanda de productos metalmecánicos.
Los últimos datos del sector indican que la producción de acero crudo de enero de 2009 alcanzó las 283.900 toneladas, 31.9% menor a la de enero del año anterior (417.000 toneladas) y 6.7 % superior a los valores de diciembre ’08 (266.100 toneladas).
La misma tendencia se observó en la producción de hierro primario que alcanzó en enero las 213.900 toneladas, 47.8% inferior en la comparación interanual (409.500 toneladas) y 4.4 % mayor a la de diciembre ‘08 (204.900 toneladas).
No es la primera vez que la industria siderúrgica atraviesa estos vaivenes económicos. Se trata de un sector que sufrió fuertes reacomodamientos productivos en las últimas décadas. Haciendo un poco de historia, el impulso al desarrollo industrial siderúrgico surge de la mano de la creación de la estatal Somisa (1947). Como señalan Daniel Azpiazu y Eduardo Basualdo (La siderurgia argentina en el contexto del ajuste, las privatizaciones y el Mercosur, Instituto de Estudios sobre Estado y Participación (Idep-Ate)) “dada la magnitud de los capitales demandados, se consideró que las inversiones sólo podían ser encaradas por el sector público, que de esta forma facilitaría y garantizaría el desarrollo de los laminadores privados existentes en el país y, por otro lado, induciría la incorporación y maduración de nuevas firmas privadas en la elaboración de productos finales”.
La irrupción de Somisa favoreció el desarrollo de empresas privadas como Acindar (nacida en la década del ‘40 para abastecer de hierro redondo para la construcción). Por aquellos años, el aumento de la producción de acero nacional resultaba clave para abastecer a la industria de bienes de consumo durable y, a la vez, reemplazar la compra de acero importado descomprimiendo las presiones sobre la balanza de pagos.
En la década del ‘80, el sector siderúrgico mundial sufrió una fuerte caída de la demanda mundial. La disminución se produjo por dos razones fundamentales: las industrias más dinámicas (por ejemplo, la informática) utilizan menores porciones de acero y, al mismo tiempo, disminuyó el consumo de aquellas industrias que normalmente lo utilizaban (por ejemplo, la rama automotriz comenzó a utilizar materiales más livianos, como el plástico).
Esa crisis sectorial estimuló los procesos de concentración productiva del sector y la desaparición del Estado como actor productivo. Así, la Argentina, Brasil, México y luego Venezuela (1997) se terminaron desprendiendo de sus empresas siderúrgicas estatales. En el caso argentino, previamente a la privatización de Somisa (hoy Siderar) se produjo un proceso de racionalización productiva que terminó con la salida de 5500 trabajadores.
Ahora la crisis amenaza con dejar nuevamente en la calle a cientos de trabajadores. Según señaló el Centro de Industriales Siderúrgicos (CIS), la industria siderúrgica, a nivel mundial, “enfrenta actualmente múltiples desafíos como consecuencia de la crisis financiera global. La desaceleración mundial está impactando directamente sobre la demanda de productos metalmecánicos, y en particular, sobre la demanda de bienes durables. Se espera que este efecto se profundice en los meses siguientes y se expanda a otros sectores”, advirtió la entidad empresaria.
Asimismo, explicó que esta retracción en el nivel de actividad mundial se evidencia por ejemplo en el mercado de fletes marítimos, donde el alquiler de buques acumula en el año caídas superiores al 90 por ciento.
”Dado el panorama de incertidumbre, los principales productores de acero en el mundo efectúan recortes en los niveles de producción y cierran temporalmente instalaciones productivas, de manera de ajustar la oferta a este nuevo escalón de demanda”, añadió.
En la Argentina, la variable de ajuste comenzaron siendo los trabajadores. En diciembre, Siderar anunció el despido de 1200 operarios que reparaban sus altos hornos ubicados en San Nicolás. Un mes después, la amenaza de despidos alcanzaba a 2400 empleados de la planta. La compañía comunicó que esas bajas laborales serían consecuencia de la suspensión del plan de inversiones (estimado en 1200 millones de dólares para el período 2008–2011) destinado a ampliar su capacidad productiva. Finalmente el conflicto se destrabó con un acuerdo entre las partes por el cual la obra de construcción de un nuevo horno seguirá y los 2400 trabajadores continuarán trabajando, pero con un régimen rotativo de suspensiones. Cada cuatro semanas trabajarán dos y cobrarán tres. De los 4.000 pesos mensuales que redondeaban muchos albañiles aprovechando la amplia oferta de horas extra y premios, ahora sus sueldos se aplastarán a cifras de entre 1.200 y 1.700 pesos netos.
En nuestra provincia, la empresa Fundición Dragón, radicada en el polo industrial de Las Parejas despidió este mes a 10 trabajadores. La delegación de la UOM en dicha localidad salió a denunciar que a partir de febrero "decenas de metalúrgicas de la zona" sellaron acuerdos con sus trabajadores de pagar entre el 50 y el 80 por ciento de los salarios.
La tendencia que se está dando en las empresas y que acercan desde el gremio ha sido confirmada oficialmente por el Ministerio de trabajo de la provincia. Según un informe del Ministerio difundido recientemente, ya son 65 las firmas que cobran o tramitan los aportes otorgados por el gobierno nacional en el marco del Programa de Reconversión Productiva (Repro) por el cual se las auxilia en el pago de sueldos con una suma fija de 600 pesos. El Repro es un programa administrado por la cartera de Trabajo nacional y permite a las empresas que acrediten una situación de crisis, presenten un plan para superarla y se comprometan a no despedir trabajadores, recibir por doce meses un aporte de hasta 600 pesos mensuales para completar el sueldo de cada categoría laboral. Según los datos de la cartera laboral, hay 44 empresas que solicitaron o se encuentran tramitando procedimientos preventivos de crisis, que involucran una masa laboral de 2.750 trabajadores. El 70 por ciento de las presentaciones pertenecen al rubro metalmecánico.
En noviembre de 2008, el grupo Techint (dueño de Siderar) organizó su 7º Seminario ProPymes en el hotel Hilton de Puerto Madero, Buenos Aires. En esa oportunidad, el Gerente de Ternium Siderar, Daniel Novegil, manifestó que “las crisis como la que vivimos son esencialmente oportunidades para ganar productividad, eficiencia y mejorar posicionamiento de cara al futuro”. Habría que ver qué opinan los operarios su empresa.

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