Cuando empezó a escucharse en los medios que se iniciaba una “crisis financiera mundial”, el término resultaba demasiado globalizador y daba la sensación de ser un gran lío que se estaba produciendo en algún lugar del mundo, muy, muy, lejano. Cuando la Presidenta salió a decir que la economía argentina se encontraba fuerte y a resguardo de los avatares financieros que se multiplicaban como clones en las distintas bolsas y ciudades del mundo, una leve sospecha de que algo ocurriría por estas pampas, comenzó a retumbar en las mentes de muchos argentinos.Primero fue el Gobernador, y luego el Intendente quienes pusieron los puntos sobre las íes de incertidumbres, incógnitas e inestabilidades de muchos santafesinos y rosarinos que ya empezaban a preguntarse cómo deberían ponerles el pecho a las consecuencias del desmanejo timbero por parte de los ceos, los genios y los gurúes de las finanzas norteamericanas y europeas. Tanto Binner como Lifchitz dejaron en claro que el problema llegaría hasta nuestras costas para instalarse entre nos.
Quedaba claro que Rosario, puerto exportador por excelencia del Río marrón, y su zona de influencia, debería ser alcanzada por la debacle foránea debido a sus fuertes lazos comerciales, y hasta cierto grado de dependencia, con el extranjero. Vínculos que permitieron que en estos últimos seis años el crecimiento productivo de la región alcanzare expansiones nunca antes vistas ni pensadas.
Lo que muchos trabajadores no pensaron en esos primeros momentos era que la consecuencia directa sobre sus vidas iba a pasar por la posibilidad concreta de perder sus empleos.
De a poco, casi sin darnos cuentas, más y más sectores de la economía provincial comenzaron a hacer sus ajustes laborales, llegando en los casos más ásperos, a despacharse cientos de telegramas de despidos.
Carlos Rodriguez, ministro de Trabajo provincial, se vió obligado a convocar a una reunión extraordinaria de la Comisión Provincial Tripartita para el Trabajo Decente, conformada por el Gobierno, empresarios y gremios, para analizar la situación laboral en todo el territorio santafesino. “No hay crisis laboral, sinó crisis de expectativas” manifestó el ministro al analizar las actitudes tomadas por parte de los empresarios.
Para la visión del ministro, “no se observa un deterioro, ya que las cifras que tenemos no dan indicación de esto.” Para Rodriguez, “la situación está bastante bien llevada. Algunos empresarios recurren a adelantar las vacaciones, en otros casos hemos visto acuerdos entre sindicatos y empresas para reducir la jornada laboral o trabajar un día menos por semana. Pareciera que hay bastante conciencia en que conservar los puestos de trabajo es una cuestión esencial en estos momentos, y que es lo que queremos sostener como gestión”, señaló.
Sin embargo, al hacer el repaso de los conflictos surgidos en los últimos 40 días, la situación deja de ser tranquila para transformarse en preocupante.
El de la automotriz General Motors ha sido el conflicto que más espacios ha ganado en los medios desde su inicio, hace más de un mes, cuando la empresa decidió despedir a 436 trabajadores. Después de interminables negociaciones, conciliación obligatoria mediante, el gremio consiguió frenar los despidos hasta 2009, y aceptó negociar suspensiones, pero no el régimen que quiere GM. El punto de conflicto pasa en que para el gremio, la empresa “pretende suspender a 160 empleados con una baja salarial progresiva hasta diciembre del año que viene, para después despedirlos. Nosotros queremos que las suspensiones sean rotativas para los 2300 trabajadores de la planta, porque sinó estos 160 van a quedar marginados, como si fuesen empleados de segunda.”, propuso Marcelo Barrios, secretario general de la delegación Rosario del Smata. La situación no está resuelta, y habrá una nueva ronda de negociaciones la semana entrante. Mientras tanto sigue corriendo el plazo de la conciliación obligatoria que vence el próximo 2 de diciembre.
Otro frente de conflicto se ha desatado en las aceiteras. Empresas como Dreyfuss, Vicentín y Buyatti, adelantaron las vacaciones a su personal debido a una fuerte disminución de la molienda de soja que alcanzaría un 10 por ciento en las últimas semanas. Es otro rebote de la crisis mundial que ha producido un fuerte desplome del precio del cereal que ocasionó el recordado conflicto con el campo a inicios de este año.
Desde su pico de 602 dólares en julio, la soja cayó un 48 por ciento en su cotización, producto de la crisis global. Su precio actual ronda los 314 dólares por tonelada, su peor precio del año, cercano al de agosto del año pasado. En el desplome fue decisiva la salida masiva de los especuladores financieros de los fondos que invierten en commoditties agrícolas. Todos huyeron a refugiarse en el dólar y desinflaron la burbuja que habían creado.
La industria aceitera del polo rosarino tiene una capacidad de molienda de 150.000 toneladas diarias, pero últimamente es raro el día en que en la Bolsa local se hagan transacciones por más de 10.000 toneladas. Los productores no venden porque esperan que el precio se recupere. Y las industrias no compran si los valores suben porque sostienen que los márgenes de rentabilidad se ajustaron mucho. En el medio, “hay entre 400 y 500 operarios con problemas laborales” sostienen desde el gremio aceitero del departamento San Lorenzo.
En otro rubro, como la industria química, la firma Cloretil, ubicada en Puerto San Martín, decidió despedir a 10 obreros, tras protestar contra la decisión unilateral de la empresa de eliminar el pago de unos adicionales. La raíz del conflicto tuvo que ver con una modificación de la modalidad de trabajo, ya que después de un año se volvió al régimen de turnos de 24 horas, de lunes a viernes lo que implica dejar de lado las cargas adicionales por trabajar sábados, domingos y feriados. Esta situación derivó en la toma de medidas de fuerza por parte del personal con el respaldo del Sindicato Químico de San Lorenzo, a lo que la empresa respondió con una suspensión de dos días a modo de medida disciplinaria, y luego envió 10 telegramas de despido que derivaron en una carpa y un paro lanzado por el gremio. Luego de dictarse la obligatoria conciliación, la empresa reincorporó a los despedidos, al menos, provisoriamente hasta ahora.
¿Cuántos serán los sectores alcanzados por la crisis? ¿Cuántos trabajadores podrán llegar a perder sus empleos? Nadie puede determinarlo a ciencia cierta por estos días.
Ni los pronosticadores de huracanes financieros y plagas económicas que suelen aparecer en medio que esté a su alcance. Ni los responsables de las áreas del Gobierno que son los responsables de hacerle frente al problema. "Lo peor todavía no llegó. El impacto en la economía local se notó en los sectores ligados a la exportación, como el automotriz (con GM a la cabeza) y el aceitero. Pero en los próximos meses la baja del consumo se va a traducir también en una caída de la actividad comercial", consideró la secretaria de Trabajo Alicia Ciciliani, sumando más incertidumbre que restando con certezas. Leer más...



